¡Qué perro que es ese defensor!
Es común en el fútbol que a un rústico zaguero central se lo trate de perro. Lo que no es habitual es que un can real juegue de 2 ó de 6 y le salve las papas al arquero.
Sin embargo, en Paraguay, en el partido entre 12 de octubre y 1° de marzo (sí, era un partido, aunque parezca un duelo de fechas), de la Liga de General Aquino (250 km al norte de Asunción) pasó algo extraordinario.
El 1-1 era clavado hasta que un jugador del 12 de octubre pateó al arco y era gol seguro. ¿Seguro? Para nada. Porque ahí fue cuando apareció el mejor amigo del hombre (bah, del arquero), la pelota le pegó y el 1 pudo dominarla.
A partir de ahí, el desastre total, una sucesión de hechos bochornosos (Peña-Granados): el árbitro cobró el gol, y los de 1ø de marzo se pusieron como locos. Reclamaban, con razón, que se anulara y que el árbitro diera un pique. Pero fue gol, nomás. No quiero ni imaginar qué pudo haber pasado si los hinchas visitantes agarraron al pichicho. (Olé, 11/8/05)


